Oportunidades

Deseamos controlar nuestras vidas.

Luchamos por ello, desde que somos conscientes, y antes de eso, nuestros padres, abuelos y hacia atrás en las generaciones, hacen lo posible para darnos a nosotros, sus descendientes, las mejores oportunidades. Buscamos estudiar en las mejores escuelas, titularnos en la mejor universidad, conseguir el mejor trabajo, lograr un “Master”, para desarrollar una carrera profesional, a la vez que también separamos parte de nuestros ingresos, para crear algo de ahorro para (ahora hacia abajo) nuestra descendencia.

Cada día, a cada hora, en cada minuto, se cruzan cuestiones a nivel individual y colectivo, que chocan o se amalgaman. Tomamos nuestras propias decisiones basadas en nuestros intereses pero también considerando el contexto: sea este la sociedad, un país, la globalización, o cualquier otro entorno que pensemos. En este sentido, hasta qué punto estamos decidiendo nuestras vidas, teniendo en cuenta estos dos enfoques: individual y colectivo?

A través de la historia, el hombre se ha explicado a si mismo los grandes cambios del destino de diferentes maneras: premio o castigo divino seguramente haya sido la primera. Luego de esta fase, añadimos las fuerzas de la naturaleza, a los enemigos, las plagas, etc. a la lista de causas que determinan en cierta medida, el curso de nuestras vidas.

En el ámbito de nuestras sociedades, somos convocados con una cierta frecuencia, a votar con el objetivo de “decidir” quién será presidente, cómo se conformará un congreso, quién administrará la ciudad, y esa es la “oportunidad” que se nos brinda para construir una Democracia. Pero creo que estos conceptos deben ser analizados con algo más de detenimiento.

Lo primero que revisaría es qué clase de decisión significa una elección. Porque no se trata de una decisión en sí. La sociedad en su conjunto no “manifiesta” su voluntad (aunque suene muy poético) sino que una elección arroja un resultado incierto: en realidad es un producto más que una decisión voluntaria. Este es un primer punto de bifurcación entre lo individual y lo social. Porque uno no sabe a ciencia cierta cuando vota, si su voto decide o no finalmente, quién será elegido. Hasta allí, sólo estamos optando por una preferencia, que resultará o no, el candidato ganador.

El otro aspecto a tener en cuenta, es el cambio.  Curiosamente, hoy en día, casi cualquier comercio nos da la opción de cambiar prácticamente cualquier cosa, no sólo ya por causa de defectos o roturas, sino simplemente por no estar uno convencido de lo que uno mismo ha decidido comprar. Suena bastante preocupante entonces, que en algo tan trascendente como votar por una lista o un candidato, uno tenga que sostener esa decisión, dependiendo del país en el que uno viva, puede que al menos dos años antes de votar a nuevos congresistas y no menos de cuatro años para un nuevo presidente, sin importar lo que ocurra. No hay “tippex” aún para errores políticos de este calibre.

También es de resaltar una serie de situaciones que, comúnmente nos ocurren a todos:

– Te lees la plataforma electoral de tu partido, y aún cuando concuerdas con el 80% de la misma, no estás muy cómodo con el 20% restante (digamos por ejemplo, retiro de tropas en países lejanos, aborto, políticas impositivas, etc.).

– Tienes la certeza de que de ese 80% con el que acuerdas, probablemente haya un 25% que ha sido inflado sólo con propósitos electorales.

– Tienes una grave sospecha  de que del 55% restante en el programa de tu partido preferido, puede que un 15/20% no sea realizable debido al contexto y las circunstancias.

– Hay otro 15/20% será relegado sólo porque las prioridades del momento harán que se desvíen los esfuerzos hacia nuevos temas que no estaban incluidos en las previsiones durante la época de la campaña.

– Uno cuenta con un 40% de posibilidades de que “su” candidato, considere más cómodo encender el piloto automático, y volar a través de su mandato de 4 años, sin dificultadas ni conflictos.

Así que, después de todos estos años, con toda tu experiencia previa, comienzas a sentirte defraudado por tu CANDIDATO PREFERIDO!!! Incluso antes de meter el sobre en la urna o pulsar el botón!!! Sin siquiera considerar a aquellos a los que jamás votarías.

Por último, y lamentablemente, es bastante común que cualquier gobierno comience a ir a la deriva en cualquier dirección que nadie puede predecir: declarar una guerra, atravesar una crisis financiera internacional con los consecuentes recortes de los beneficios sociales, relaciones con nuevos “aliados”, etc.

Sé que todo esto es bien sabido por todos, pero a lo que apunto es que ahora, y más que en ningún otro momento de la historia, gracias a la tecnología, nos encontramos en el umbral de poder desarrollar nuevas formas de gobierno.

¿Me propongo controlar cada pequeño detalle de la sociedad?

No precisamente. Ahora mismo, se trata más de impedir a nuestros gobiernos el que nos impongan soportar decisiones que NO HEMOS VOTADO. Pero si un procedimiento innovador para rechazar políticas y actos con los que no acordamos resulta exitoso, no es difícil imaginar el siguiente paso, en el cual prácticamente se vote cada decisión, o al menos, aquellos temas que nos interesen. Y ya no votar más a representantes.

En 2001 (hace 10 años) el 85% del uso de internet estaba concentrado en el correo electrónico (emails) y gran parte de este porcentaje, destinado a temas laborales (1). También ha habido un período en el cual Internet constituyó un escape “virtual” hacia “segundas vidas”. Habrá sin duda, estudios exhaustivos acerca del uso y desarrollo de Internet.

También ha habido, obviamente no hace tanto tiempo, experiencias sobre participación de la gente, a través de la tecnología.

En Amsterdam, se crea en 1994 la “ciudad digital” (De Digitale Stad – DDS), concebida en principio, como un experimento que debía durar 10 semanas. Fue diseñada para crear un vínculo de diálogo entre el ayuntamiento de la ciudad y los ciudadanos. Tal fue el éxito que debió cambiarse el proyecto rápidamente, para convertirse en una red completa, que replicaba la ciudad real en el espacio virtual (2). Sin embargo, destaquemos que este experimento era aún en el contexto de Internet 1.0, es decir, que se trataba principalmente de acceder a contenidos y al intercambio de emails.

Podemos ver que en términos de tecnología, este proyecto fue visionario, sin embargo, los aspectos cruciales no estaban sometidos a la opinión pública en tiempo real. Hoy, en 2011, los terminales nos permiten realizar tareas que ni siquiera imaginábamos tan sólo 10 años atrás. Por ello, pensemos un momento, en qué punto estará la tecnología de aquí a 5 años. No es muy difícil contemplar la posibilidad de influir en tiempo real, en las decisiones de nuestros gobiernos.

Es fascinante la forma en que Internet e Internet 2.0 han cambiado nuestras vidas. Podemos hacer de todo, desde nuestros Pc’s y pronto desde nuestros teléfonos móviles/celulares.

Por ello, no se trata únicamente del proceso entre las personas votando y los políticos haciendo. Se abre un amplio campo que debe ser conquistado a través de la tecnología: difusión de la información primero e interacción después (aunque ya está ocurriendo). No dependeremos más de unos pocos medios de prensa, para saber qué es lo que realmente está ocurriendo en el mundo, porque habrá más gente y más fuentes cada día, volcando noticias recientes en la web, que al menos, nos darán un punto de vista alternativo al “oficial”.

Habiendo atravesado varias y severas  crisis financieras y económicas, habiendo visto gobiernos escapar en helicópteros, habiendo presenciado una mentira mundial para encontrar una excusa para comenzar una guerra, me he vuelto ambicioso. Pretendo que Internet no sea sólo para ver películas online, comprar a distancia, o pagar las cuentas electrónicamente, sino principalmente para vincularnos a todos nosotros, y hacernos pensar y actuar, reclamando información, controlando a las corporaciones, vigilando a nuestros gobiernos.

Ese es para mí, el verdadero potencial de Internet.

Así es como podremos tener el control de nuestras vidas, colectiva e individualmente, quizá por primera vez.


(1) “La Galaxia Internet” Manuel Castells. Ed. Areté 2001 – Ch. 4 “Comunidades virtuales o sociedad red”. P. 138

(2) Ib. (1), Ch. 5 “La política de Internet I” – P. 168

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