Morir lo cambia todo … o no?

No soy un sociólogo ni un epistemólogo.

Pero me inquietan algunos fenómenos que nos ocurren como individuos y como un conjunto, y quisiera encontrarles una explicación. Si nuestras conductas son el resultado de una ecuación en la cual participan múltiples variables, internas y externas, ¿podemos establecer un gradiente de dichas variables?¿Cómo determinar cuáles son aquellas que nos influyen y por qué?

Para dar ejemplos de los eventos a los que me refiero, definamos primero los extremos de posibles eventos:

1.- Necesidades básicas:

Respirar, comer, dormir, y algunas más, originadas en nuestra condición biológica: somos organismos vivos. Con mayor o menor amplitud y frecuencia de repetición, cualquiera de estas necesidades nos condicionará, sin que pueda transcurrir mucho tiempo antes de que las satisfagamos o tengamos un serio problema: respirar, a los 90 segundos en una persona promedio; comer, cada 4/6 horas; dormir, diariamente, aunque puede haber saltos. Seguramente hay estudios científicos que determinan nuestros límites para sobrevivir, ante la imposibilidad de cubrir estas necesidades.

2.- Hechos que no nos afectan:

Una supernova estalla (o estalló hace millones de años, y recién ahora lo sabemos/vemos) en la esquina opuesta del universo. Es un fenómeno que sin duda afecta a aquellos que se dedican al conocimiento de los astros. Hechos inusuales son recibidos con euforia, sólo por el hecho de su ocurrencia. La providencia hace que alguno de nosotros pueda ser testigo de algo que sucede muy esporádicamente, algo así como cada 50 años. Pero ¿es una supernova algo que tenga incidencia directa en nuestra vida? ¿Si tuviésemos un vecino astrónomo y una mañana apareciese con una sonrisa incontenible en el rostro por haber presenciado la explosión de una supernova, compartiríamos con él dicha satisfacción?

Ahora que están expuestos algo así como los extremos de una posible clasificación, es donde debo lanzar una advertencia: aquellos que se consideran a sí mismos optimistas, positivos, alegres, pero sobre todo, que consideran inútil escarbar en temas del pasado, ya pueden dejar de leer. Lo que viene no es otra cosa que un tortuoso camino hacia la reflexión sobre un tema espinoso.

La anterior introducción tiene la finalidad de poner en relieve aquellas cosas ante las que reaccionamos de alguna manera, de cualquier manera. Cambiamos nuestra inercia y de repente, inhalamos. En un instante sentimos una molestia en una pierna y cambiamos la posición en la que estamos sentados. Fallecen millones de niños cada año en el mundo y nosotros igual compramos coche nuevo, nos vamos de vacaciones o miramos la última película estrenada en el cine (ya ven, voy centrándome en el tema, dejen de leer…..).

Voy al grano: “morir lo cambia todo”. Eso decía House en el primer episodio de la quinta temporada, sin embargo creo que no es del todo así. Lo que no entiendo es por qué.

De todas las muertes que acosan al ser humano, si bien ninguna es aceptable, la más deleznable e  incomprensible, es aquella que se produce en manos de un prójimo, sea como sea.

Es cierto, hay muertes tontas, injustificables ya sean por accidente o naturales. También la muerte afecta en distinta medida según quién es el que fallece. La cultura nos hace “ponderar” la muerte de manera discriminatoria, si es el caso de un anciano, un niño, o un bebé.

Los soldados que mueren en una guerra, entran casi dentro de la categoría “aceptable”, porque supuestamente, es un destino que han elegido.

Las víctimas civiles de las guerras, son inaceptables, pero son consideradas, la mayoría de las veces, un alto precio que pagar, un mal necesario.

La muerte infantil masiva en el Tercer Mundo (y creo que habría que establecer parámetros para un Cuarto y quizá un Quinto Mundo), nos conmueven, nos embargan, pero nos resignamos a que no podemos hacer nada.

¿Cómo nos va constituyendo como individuos y/o como sociedad este cúmulo de muertes,  racionalizadas, sí, pero muertes al final?

¿Qué proceso vacunatorio nos va inmunizando, dejándonos cada vez más indolentes ante el sufrimiento y la muerte ajenos? ¿Son estos casos como las explosiones de supernovas, que como no impactan en nuestra vida, es decir, no producen efectos tangibles y concretos, sólo nos conmueven a nivel emocional?

Vuelvo otra vez, al centro de mi planteo: el asesinato.

Sí, ya sabemos, es el quinto mandamiento. En fin, empezamos mal, cómo el quinto???? Están los mandamientos ordenados por jerarquía? Si llevamos bien los primeros cuatro, el quinto tiene atenuantes?? No es clara en esto la Ley de Dios.

Pero a lo que quiero llegar es a que dentro del espectro de muertes accidentales, por enfermedad, naturales, y por asesinato, unas tienen más que otras, consecuencias sobre nosotros. Sin embargo, en las últimas, no termino de tener claro muy bien, cuáles sí tienen consecuencias y cuáles no, ni por qué unas nos afectan y otras no.

En la saga de “El Padrino” es innegable el efecto de las muertes en el desarrollo de la historia. Es a todas luces evidente que resulta muy eficaz para corregir (o mantener) el rumbo de la historia propia de la familia Corleone, y del resto de los personajes.

No voy a explorar ni a hacer un listado de todos los asesinatos “famosos” o elaborar una crónica histórica del asesinato, ya que debería empezar por Caín y Abel. Pero sí quiero explorar algunos de ellos que me resultan inquietantes, y los enuncio a continuación, porque se nos ha querido convencer de que con el dolor que causaron era suficiente y que son casos cerrados. La opinión de la sociedad avala este argumento. Sin embargo, desde mi perspectiva queda bastante por indagar.

No sé realmente si guardan una relación o hay un patrón que una a las personas asesinadas que voy a incluir en la lista siguiente, pero sin duda, han sido emblemáticas. Ordenaré sus asesinatos cronológicamente:

Abraham Lincoln (1865)

John Fitzgerald Kennedy (1963)

Malcom X (1966)

Martin Luther King (1968)

John Lennon (1980)

Anwar El Sadat (1981)

Indira Gandhi (1984)

Isaac Rabin (1995)

Podemos ver rápidamente que en muchos casos se trata de activistas por la paz, Premios Nóbel de la Paz, abolicionistas de la esclavitud, propulsores de la industrialización de sus países.

Detengámonos un instante.

Abandonemos toda idea paranoide, suspicaz y negativa. Ahora lo que me interesa es enfocar en la influencia de estas personas y su asesinato en nosotros. Me da exactamente igual que a Lincoln lo hayan asesinado hace casi 150 años, no puedo evitar pensar que nos han arrebatado una personalidad excepcional con la que comparto más principios que con Ronald Reagan o incluso Barack Obama.

Estas personas han sido víctimas de un fanático, pero en la mayoría de estos asesinatos, independientemente de la aplicación de justicia contra el autor material del hecho, lo que más duele es que las sociedades han abandonado cómodamente por obra y gracia de un duelo amable e infantil, la conservación y prolongación en el tiempo de los principios por los que estas personas lucharon.

Son magnicidios, es cierto, pero el peor homicidio es el que perpetramos las sociedades, al no llevar adelante los proyectos de estos visionarios, estadistas, líderes y que en algún momento consideramos como propios.

Echen un vistazo al siguiente discurso de JFK (en inglés): “The President and the Press”:

http://www.jfklibrary.org/Research/Ready-Reference/JFK-Speeches/The-President-and-the-Press-Address-before-the-American-Newspaper-Publishers-Association.aspx

Es fantástico!! Resulta imposible pensar que John F. Kennedy estuviera fingiendo acerca de algo tan claramente expuesto, algo tan cercano a lo que todo pueblo democrático aspiraría. Siempre he tenido la convicción de que si JFK hubiese terminado su mandato, el mundo entero sería completamente distinto.

Por supuesto que la esclavitud ha sido abolida, pero debemos preguntarnos cuáles son los métodos injustos y opresivos que conforman la actual esclavitud, a fin de abolir también estos nuevas formas de control. Porque, no nos engañemos, alguien obtiene beneficios de estos mecanismos.

El hallazgo hasta aquí es que estos asesinatos transmiten un mensaje que podría describirse como a continuación:

“No sigan luchando por estas cosas. La muerte puede estar esperándolos en cualquier momento. Sigan adelante con sus cómodas vidas y no se enloquezcan con estos temas. No valen la pena.”

Y nosotros, desde lo más profundo de nuestras mentes respondemos: “Sí Señor!, por supuesto, está en lo correcto. No hay motivo para arriesgar nuestras vidas por un puñado de principios abstractos. Si al fin y al cabo a mí me va muy bien, ¿para qué involucrarse?

Más que preguntarnos por qué los crímenes de estos líderes no han tenido mayor influencia en nuestras vidas, debemos interrogarnos sobre aquello en lo que nos convertimos al no reaccionar y sobre todo, al no impulsar de forma estructurada y global, las ideas en las que creemos.

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