Internet y Política

 
(Imagen obtenida del blog “Life Examinations”)

Al igual que en otras áreas, Internet plantea muchas más posibilidades que las actualmente utilizadas.

Aunque el Movimiento Moderno desarrolló su filosofía basándose en materiales existentes, y en la sociedad e imaginería existentes, superó con creces, las expectativas de la época. De hecho, muchas de sus obras paradigmáticas, resultan “modernas” incluso hoy, 80 años después de su concepción.

Sin embargo, ser “vanguardista” (http://en.wikipedia.org/wiki/Avant-garde) tiene más que ver con la innovación que con la invención. No surge por la creación a partir de la nada (aunque el Movimiento Moderno planteara la “tabula rasa” com punto de partida). Es un hecho que no sólo Alvar Aalto, Mies van der Rohe o Walter Gropius basaran sus diseños en los antecedentes de la tradición arquitectónica, sino que incluso Le Corbusier demostró ser más “tradicional” de lo que se lo consideraba.

Lo que quiero señalar con esta introducción, es que aún cuando podemos acceder a Internet desde nuestros teléfonos y parezca que toda nuestra vida está invadida por la red, aún se encuentra en un estadío muy primitivo. Hay mucho por explorar todavía, que lo que se ha desarrollado a día de hoy, y no es un tema de nuevas tecnologías, sino más de ejercitar la imaginación y pensar en todo el potencial aún por desvelar.

En el libro “La Galaxia Internet”, Manuel Castells incluye varios capítulos al tema de Internet y la Política, ya en el año 2001. Estaba bastante claro entonces, que el espíritu de Internet abarcaba una gran dosis de libertad (a raiz de su origen en el entorno universitario), el concepto de comunicación e interacción entre pares (una  red -“web”- conectando nodos en una matriz horizontal y no bajo una estructura jerárquica piramidal) y un alcance global (“world wide”).

El capítulo V, está totalmente dedicado a Internet y política, y su título de hecho es “La Política de Internet (I): Redes informáticas, Sociedad Civil y Estado”. Es fantástico visto en retrospectiva, el ejemplo de De Digitale Stad (DDS) en Amsterdam, el cual fue cambiando constantemente su carácter y sus objetivos, a medida que iba aumentando de escala. Creció de tal modo, que se volvió irresistiblemente atractiva a los inversores, lo que finalmente, de alguna manera condujo a su posterior desaparición.

Aún más, bajo el título de “La política de Internet”, se atreve a vislumbrar, con mucho cuidado y cautela, el potencial de Internet para mejorar la expresión de los derechos de los ciudadanos, y la comunicación de los valores humanos. Castells define este contexto de intercambio social y democrático, como el nuevo “Ágora pública”. Sin embargo, añade también que la libertad es una lucha constante y que Internet no será una fuente de libertad en sí misma, por lo que deberán crearse medios de control de dicho Ágora por parte de la gente.

En el capítulo VI, “La política de Internet (II): Privacidad y libertad en el ciberespacio”, el autor expone dos facetas como intentando evitar el conflicto pero sin caer, a la vez, en la contradicción. Cierra este capítulo con un enfoque muy lúcido argumentando que los gobiernos no son precisamente “aliados” de la libertad. Sin embargo, rápidamente contrarresta cualquier posible malentendido defendiendo enfáticamente la institucionalidad democrática. Sugerentemente, propone que Internet sea una herramienta para que el ciudadano controle a sus gobiernos, pero los medios que describe para lograrlo sólo alcanzan a una mejora en la disponibilidad de la información, para su vigilancia pública.

Mi opinión hasta aquí, es que Internet en términos de Política, se encuentra aún en la fase de la “www 1.0”, mientras que en los entornos comerciales y de negocio, está a punto de abandonar el 2.0. Esto significa que apenas estamos siendo capaces de hacer vía Internet (y en términos de acciones civiles y políticas), más que búsquedas de información, descarga de impresos y formularios, lectura de leyes y normativa, y eventualmente, visitar la página de Facebook de partidos / candidatos, las cuales obviamente están allí, sólo con propósitos electorales.

No se puede ver aún ningún signo de que Internet vaya a convertirse en una verdadera herramienta de interacción, por medio de la cual los votantes y gobiernos estén a un mismo nivel, y que el diálogo entre las partes permita informar a nuestros representantes con nuestras decisiones en tiempo real.  No es la causa de ello, la falta de tecnología.

Este desafío es el próximo capítulo, y lo deberemos escribir juntos.

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