Anestesia

Concedido: es tremendamente aburrido seguir hablando sobre esto.

Pero me cuesta entender por qué estamos tan dispuestos a aceptar nuestra parte de responsabilidad en esta crisis, y sin embargo, no impulsamos con igual energía, el pedir una rendición de cuentas al resto de las partes.

Sí, lo sé, llega un momento en el cual tienes que dejar de preguntarte y seguir adelante con la vida. Es mucho más positivo, productivo, constructivo. De hecho, hace ya largo rato que he dejado de seguir y contabilizar las cifras de dinero destinadas a los rescates de las entidades financieras y sistemas bancarios de los distintos países. También he abandonado el interrogante de cuánto iba a afectarme esta crisis a mí y a las personas próximas a mí. Me harté de insistir a cada persona con la que hablé de este tema que hay gente que está acumulando inmensos beneficios provenientes directamente de esta crisis, sin ningún tipo de remordimiento. Me he debido contener para no seguir pensando en cómo las consecuencias de esta crisis modificarían nuestras personalidades y nuestras relaciones a partir de ahora y para siempre.

Pero nos dicen: “Considera esta crisis como una oportunidad, sé emprendedor, sé entusiasta, sigue trabajando duro!”. Y no es que no esté de acuerdo con ello: cada uno de nosotros encontrará la mejor manera de enfrentar el desastre. Lo que me subleva es que aquellos que predican son prácticamente los mismos que han cumplido una función en la generación de esta crisis, pero lo que me más me enfurece es que estén haciendo que la crisis trabaje para ellos.  

Todo pinta como que preferimos tomar las cosas según vienen, como si esta crisis financiera sincrónica fuese una catástrofe natural. Como si nadie tuviese la culpa, como si nada se pudiera hacer. Aceptamos las explicaciones que nos dan.

Así, por un lado, nos rendimos al argumento de que somos en parte, responsables de los hecho, pero a la vez, no hacemos nada, ni asumimos ninguna responsabilidad para prevenir que esta crisis vuelva a ocurrir.

¿Por qué estamos tan mudos, tan quietos, tan dóciles?

¿Qué clase de educación hemos recibido, para reaccionar de una forma tan vergonzosa?

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