El reto de Bel-bah

I

De aproximadamente 4.600 años antes del nacimiento de Jesucristo data un suceso del que, misteriosamente, hasta hoy no se tenía testimonio alguno.

Paradójicamente, a consecuencia de la guerra de Irak,  se ha recuperado de entre las ruinas de un barrio periférico a la ciudad de Tikrit, una tabla con bajorrelieves (aparentemente jeroglíficos o algún tipo de proto-escritura), que da cuenta de cierta construcción colectiva iniciada en aquella época, en una tal ciudad Bel-bah.

Los símbolos, decodificados por los estudiosos, narran la ejecución de una obra de escala más que monumental que aún hoy sería sobrecogedora. Descripta como un “desafío a todo lo imaginable” y sin antecedentes en la humanidad, su duración fue de 87 ciclos solares (refiere también a igual cantidad de crecidas del Nilo alusión llamativa dada la sabida o al menos supuesta inconexión entre las culturas de la Mesopotamia y Egipto en este tramo de la historia antigua, pero este punto creo que quedará aclararado más adelante).

En concreto y sin una causa o razón que lo explique, un grupo de sabios y constructores había llegado elaborar un proyecto para una edificación por medio de la cual se lograría entrar en contacto más fluido y cercano con los Dioses. La altura de dicha construcción era, por lo tanto, un eje clave de su concepción.

Todos en mayor o menor medida, habían atravesado en algún momento de la vida esa experiencia de subir a la cima de un monte a mirar el horizonte y los kilómetros de extensión en todas direcciones, sin ninguna limitación, o mirar hacia el fondo de un cañadón, por donde corre un río, cientos de metros debajo. Cualquiera de estas situaciones, propiciadas por escenarios naturales, daban al que las experimentara, la certeza de ubicarse “por encima” de lo común, de lo cotidiano, de sus pares, y de todo los límites conocidos. Tan sólo el volar podría superar quizá a esta especie de “elevación” que aunque estática, no dejaba de embriagar al privilegiado. Pero volar, era bien sabido en ese entonces, constituía un imposible para el hombre. La otra revelación que producía siempre este tipo de exploración o conquista (si queremos darle un matiz de empresa), obvia por otro lado, era que indudablemente resultaba muchísimo más esforzado el ascenso que el descenso a realizar, una vez lograda la cima.

Con elogiable capacidad de previsión, sus ejecutores descubrieron que ni aún contando con toda la población de las 368 ciudades y pueblos de la Mesopotamia podrían llevar a cabo la empresa, por lo que comenzaron a pergreñar en forma paralela al proyecto, una estrategia de convocatoria para atraer a gente de poblaciones más distantes con las que contar para surtir de mano de obra al emprendimiento. Lograron reunir así en los primeros 3 años, a 127.894 humanidades de todas las regiones y lenguas que existían por entonces en lo que era el mundo conocido. Los datos de la tabla encontrada señalan que al menos 14 lenguas y 47 dialectos diferentes eran hablados por la totalidad de la fuerza de trabajo.

II

Lo más curioso e inquietante del proyecto, además de su extrema altura, fue la búsqueda de una alta vocación igualadora (democrática diríamos hoy) cosa que tampoco es claramente explicada en la pieza encontrada. Por algún motivo, contrariamente a las leyes de la naturaleza (piénsese en montañas, dunas, montículos, etc.) en lugar de que la construcción se fuera reduciendo hacia arriba, el diseño preveía seguir una estrategia inversa, es decir, que a medida que creciera en niveles, las plantas también crecerían en superficie y perímetro, por lo que necesariamente la volumetría  resultante iba a ser de una pirámide invertida.

Hoy en día, sabemos que no sólo esto es perfectamente factible técnicamente, si pensamos en el coliseo romano o en los estadios de fútbol (con la salvedad de que en ellos, todos quienes ingresan al edificio terminaban o terminan mirando hacia dentro y hacia abajo), sino que incluso no parece descabellado trazar un paralelismo y pensar que esta “construcción” colectiva e incremental, podría ser una alegoría de la Red (internet), donde los vínculos con otros “pares” es creciente y exponencial, y donde no es necesario ningún otro intermediario, ni fundamentalmente jerarquías, para establecer estos vínculos.

Radicalmente antitético del otro proyecto conocido de la historia antigua, el concepto de tal edificio necesariamente implicaba que a medida que se elevara respecto del suelo, cada nivel albergaría, a mayor población que el nivel inferior, y quizá sea este aspecto aún más revolucionario que el constructivo-estructural.

Solucionados los problemas técnicos y constructivos, comenzaron los trabajos, con una ardua dedicación por parte de los intérpretes, localizados y entrenados ad-hoc, durante los años de reclutamiento.

La ejecución de la obra era compleja en su accesibilidad, pero también simple a su manera, dado que en lugar de ocurrir como en todas las pirámides de la antigüedad, en las que cada vez había menor capacidad y espacio de maniobra a medida que se ascendía (ni qué decir de la capacidad en la cúspide a medida que se aproximaba la culminación de la obra), aquí era imperioso nutrirla en forma progresiva con mayor cantidad de obreros y materiales en cada nivel que se comenzaba.

Promediando los trabajos, los intérpretes no sólo tendían a escasear sino también a fallar. Durante un año, la confusión fue absoluta y muchas veces el caos llevó al proyecto muy cerca de su fin. Las lenguas y dialectos comenzaron a fusionarse, creando nuevos términos, palabras y expresiones, desconocidas para los que no practicaran estas evoluciones lingüísticas.

Sin embargo, misteriosamente, en muy poco tiempo, la propia concepción del proyecto, en el cual generosamente cabían muchos más en la cima que en la base, hacía que la promesa de cercanía con el cielo, actuara como un estímulo para seguir. Así, nuevamente desafiando toda lógica, los obreros ya no sólo no buscaban a sus iguales en el habla, sino todo lo contrario. Descubrieron que resultaba más fácil establecer un intercambio de ideas y de conceptos entre quienes había diferencia de lenguaje, al tener que realizar un esfuerzo mayor de abstracción y conceptualización. Se echaba mano de todo recurso: gestos, surcos en la arena, tiza en la piedra, expresión corporal, etc. Con el tiempo, también, todos fueron aprendiendo las leguas extranjeras, con tal de poder ubicarse en los niveles superiores.

El hecho de que a pesar de significar trabajo y esfuerzo, nadie tuviera que luchar para conservar su posición, sino todo lo contrario, operaba también en la lógica de la pertenencia, por la cual, todos y cada uno de los que intervenía en la construcción terminaba sintiéndola como propia y aceptando sin ninguna dificultad a los nuevos compañeros de tareas.

Llegando la estructura a los dos tercios de la altura, nadie recordaba ya ni su ciudad de origen, ni su lengua materna, y la comunicación se daba incluso hasta más velozmente entre ciudadanos de diferentes regiones que la que antiguamente cada uno tenía con sus coterráneos. De hecho, quienes sellan la tabla escrita, atribuyen a este especial aprendizaje y “alto grado de entendimiento” con prescindencia del lenguaje, la causa gracias a la cual, la construcción de la torre llegara a concluirse.

III

Lo cierto es que la pirámide invertida terminó siendo inexplicable e incomprensible para aquellos que sólo pensaban en reinar, dominar, subyugar, someter, engañar, gobernar, a la gente. Los poderes “históricamente establecidos”, esto es: políticos, eclesiásticos y militares de todos los reinos de entonces, que si bien no se habían involucrado directamente en el proyecto de los “sabios”  habían dado su visto bueno, iban quedándose paulatinamente al margen, para finalmente terminar incómodamente ignorados, superfluos e innecesarios.

Llegado un punto, también supieron entenderse a pesar de las diferentes lenguas, y se abocaron a aglutinar todos sus recursos en un único ejército, quizá el más grande hasta la futura formación del Imperio Romano. Se enunciaron las más diversas excusas: el agotamiento de las canteras, la inestabilidad de una estructura tan anómala y el implícito e inminente peligro de derrumbe, la potencial falta de coordinación llegada la construcción a los niveles superiores, y hasta la inmensa sombra que proyectaba la construcción que impedía que creciera vegetación (curioso motivo, para una zona que ya en esa época se encontraba en vías de desertización).

Los escribas dejan testimonio, ahora no con tanto detalle – y esto está pendiente de explicación –, de la destrucción y matanza llevadas a cabo por este ejército “global”, que logró dejar en ruinas la construcción y asegurarse la desaparición de toda persona que hubiera participado en la empresa.

(Texto anónimo filtrado por “Wiki-next”, supuéstamente encontrado en un archivo del Pentágono, próximo al segmento destruido en el atentado del 11-S).

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